Visitando Ngorongoro, tengo polvo en el alma

Día de safari… nivel “polvo en el alma” 😂

Anoche dormimos todos en Africa Safari South Serengeti, en modo “familia numerosa improvisada”. No era el plan, pero oye, entre risas, una hiena imaginaria de fondo y una luna llena de postal, acabó siendo una de esas noches que no cambiarías por nada 🌕

Arrancamos pronto rumbo al Cráter del Ngorongoro… o al menos esa era la intención, porque empezamos el día con un ligero toque de orientación creativa 😅. Por el camino, vimos una zona con pelícanos que prometía muchísimo más en época de lluvias, pero que ya dejaba claro que este sitio, con agua, tiene que ser otro nivel.

El trayecto: pura fantasía africana. Poblados, colores imposibles, vida por todas partes y gente vendiendo de todo al borde de una carretera donde el concepto “asfalto” es más bien filosófico. Polvo incluido gratis, por supuesto.

Subiendo por el lado oeste del cráter, entre Serengueti i Ngorongoro, está la gargannta de Olduvai. Un barranco de 48 km de longitud con una perspectiva histórica. Por algo se le conoce a la zona como la cuna de la humanidad.

Subimos hasta los 3.200 m en la parte alta del Ngorongoro, con ese cambio de paisaje que te hace pensar “¿pero no estábamos en la sabana?”. Y justo cuando todo parecía ir sobre ruedas… sorpresa: depósito seco. Pero aquí viene lo mejor: entre varios locales, acabamos encontrando a unos vecinos que nos vendieron gasoil como quien vende limonada. Nota mental: en esta zona, muchas gasolineras solo tienen gasolina y  no gasoil… emoción asegurada ⚠️  

Mientras tanto, Martí, ajeno al drama logístico, echándose una partida de damas con los locales. Prioridades bien claras 👌

Entramos al cráter y… aquí viene la opinión sincera de blog: si vienes del Serengeti, el listón está peligrosamente alto. Vimos leonas (algo cascadas, las pobres), hipopótamos, elefantes, búfalos, monos… pero no tuvo ese efecto “wow constante”.




Aun así, el Ngorongoro tiene su gracia: es como un mundo cerrado, un “pack safari concentrado” en un paisaje brutal.




Una curiosidad sobre los leones de la zona es que en esta zona la concentración de leones (así como hienas) es de las más grandes de toda África. Sin embargo, hay poca diversidad genética pues el continuo descenso de la población de leones hace que se apareen entre familiares direcros, como que provoca que no esten del todo sanos. Existen progrmas pilotos para poder repoblar la zona y mejorar la salud de estas manadas.



👉 Consejos prácticos versión supervivencia:

– Buff, gorra y gafas obligatorios 🧢: el polvo aquí no negocia  

– Madrugar ayuda a evitar caravanas de coches  y en la entrada al crater donde tendrás que pagar.

– Ojo con la altura y las bajadas ...buenos frenos

–  Lleva suficiente agua y también sería aconsejable llevar comida para aprovechar bien tu día.

–  Como en el resto de parques, ir al wc no es tarea fácil. Se previsor antes de entrar, sobretodo si vas con peques. Algún pipi a pie de puerta de coche te va a tocar.

– Y sobre todo: no compararlo con el Serengeti… son ligas distintas


Acabamos el día en Karatu, en el Skylak Hotel, donde vivimos otro momento épico: lavar TODA la ropa (spoiler: el agua salió color barro africano intenso) y una ducha con suficiente presión como para reconsiderar nuestras decisiones vitales 😅

Cena en Lilac Cafe: hamburguesas y pizzas (no italianas, pero oye, después del día sabían a estrella Michelin 🍔🍕) y directos a dormir.


Mañana Karatu… hoy, África en versión aventura con objetivos bien cumplidos.

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